Retomo la escritura pasados unos días. He aprovechado para repetirme como mantra el “SOY CAPAZ” para que mi mente vaya procesándolo. Empiezo a escribir, y me siento más inspirada, las ideas salen de una forma más fluida.
– Tal vez el otro día no fuera el momento. De nada me sirve forzarme a hacer algo que mi cuerpo me indica como denso. A pesar de ser consciente que es miedo. Puede que simplemente fuera el momento de identificar que ese miedo estaba ahí.
Escribo dos párrafos y el cansancio vuelve de nuevo.
Los pensamientos se multiplican:
– No vas a poder, no sirves para esto- Es el momento de negociar entre las partes: la que quiere salir de la zona de confort, y la que tiene miedo y boicotea para hacerlo.
– De acuerdo, hagamos un trato. Todos los días escribiré una línea. Así podrás ir sintiéndote más segura. Solo una línea, pero todos los días. A cambio, tú no me tratarás mal y me dejarás escribir.
– ¿Una línea? Así no terminamos el libro en la vida.
– Una línea es mejor que nada. Paso a paso.
– Ok.
Así lo hago, cada día escribo una línea que a momentos me sabe a poco y otros a mucho. Empieza a aparecer una parte que me dice: Lo estamos haciendo.
Una voz empieza a tomar fuerza con los días:
- Hoy decido que: – Yo soy más importante que todas las creencias que algún día asumí como ciertas. – Tengo el poder de transformar todas aquellas que me limitan y me encierran.
- Hoy sé que puedo sustituirlas por otras más expansivas que estén en sintonía con lo que necesito; más en sintonía con mi niña interior.
- Hoy puedo habitar un lugar seguro, y ese espacio empiezo a ser yo.
Con amor: D.
