¿Cómo gestionar los celos entre hermanos?

Según Recuero y Bonet (2005), los celos infantiles son “emociones complejas formadas por miedo, tristeza, rabia y autocrítica que los niños pueden sentir cuando nace un hermano. Para poder experimentarlos, el niño tiene que tener un vínculo con una figura paterna/materna y expectativas con respecto al tipo de relación que le parece debe tener con sus padre/madre”.

 

Todos los/as niños/as, sean hijos únicos, pequeños, medianos o mayores, sienten celos en ciertos momentos, no solo de sus hermanos/as, sino de cualquier circunstancia que les haga sentir “fuera” (y poder perder su lugar en el núcleo familiar y/o en su sociedad, así como el cariño que sus miembros le procesan). Este sentimiento genera temor, incertidumbre, tristeza y enfado en los pequeños/as.

 

Es frecuente observar comportamientos en los que el niño grita, llora, empuja, golpea de forma desafiante, se hace pipí, hace ruido, te tira de la chaqueta o te insulta. El/La niño/a desarrolla diferentes creencias sobre cómo cubrir su necesidad de pertenencia (los celos también están relacionados con el apego). La primera necesidad emocional del ser humano es, precisamente, sentirse necesitado y por lo tanto integrado. ¿Acaso no tiene esta misma necesidad el adulto? Lo que ocurre es que con treinta años eres mucho más capaz de disimularlo que con tres (pero esto lo abordaremos en otro post).

 

 

Entonces…¿Qué podemos hacer?

 

  • Hacer al hermano/a mayor partícipe ante la llegada del bebé. 

Es importante que los peques formen parte activa de este proceso. Se les puede hacer participar al comprar ropa o accesorios para su hermano/a, ir a las ecografías (siempre que se pueda) o a la hora de la elección del nombre. Anticipar la situación y los cambios darán seguridad al niño/a. Una actividad en esta etapa puede ser dibujar con el niño/a a la familia completa (también al bebé).  Si el nuevo miembro ya ha nacido, los hermanos/as mayores podrían ayudar a los padres/madres a preparar el biberón o a escoger la ropa que se le pondrá al bebé después de un baño, etc.

 

  • Ante los conflictos entre hermanos, NO posicionarse.

Si actuamos como jueces, uno de los hermanos sentirá que se le trata injustamente. Lo ideal es mediar entre ambos, empatizando con todas las partes. Tu papel es el de acompañar y abrazar (no tienes el control de todas las situaciones).

 

  • Necesitamos alimentar el sentido de la justicia.

Si el/la mayor está trabajando haciendo algo, nosotros/as somos los/las responsables de proteger ese trabajo, ya que el/la pequeño/a aún no tiene esa consciencia. A veces hacemos concesiones a los más pequeños/as en detrimento del trabajo o las pertenencias de los más mayores (“Déjaselo a tu hermano/a que es pequeño/a”). Precisamente porque son pequeños/as, tienen que aprender el valor de la espera, el respeto y el cuidado. Estamos cultivando una relación sana de cooperación entre ellos/as.

 

  • No vamos a hablar de culpables ante los niños/as.

Es más efectivo y constructivo para todos reunirnos en familia para buscar soluciones.

 

  • Dedica tiempo especial, en exclusiva, a cada uno de ellos.

Para dedicar algo de tiempo en exclusiva no necesitas hacer grandes planes: un cuento a solas, un rato de mismos, un baño… Con varios niños/as, más que nunca, priorizar se vuelve necesario y delegar es una cuestión de prioridades.

 

  • Por último, evitemos las competiciones y las comparaciones entre hermanos del tipo “Mira tu hermano/a qué bien estudia” “Mira tu hermano qué bien se viste”.

Estas son estrategias que usan los adultos para que los niños vayan más rápido o regulen su comportamiento. Sin darnos cuenta, nosotros mismos estamos fomentando la rivalidad entre hermanos/as; sentimientos de inferioridad y venganza. Sustituyamos los juegos de competencia por juegos de cooperación. Cada niño es único. Cada cual brilla de manera especial, a su tiempo.

 

 

Los/as hermanos/as ríen, juegan, discuten, se reconcilian, conviven, se acompañan. Son compañeros de viaje y de vida. Nuestra misión es cuidar ese vínculo, fomentando la cooperación entre ellos y creando un buen ambiente para crecer, donde les permitamos desarrollar habilidades cooperativas para la vida en sociedad.

 

 

 

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