Apago las luces para prenderme

Me descalzo, enciendo una vela y me siento en el suelo.

Me aplico aceite esencial y empiezo a escribir.

 

Escribo con lágrimas en los ojos. Todo va demasiado deprisa para mí.

Mucho ruido, muchas luces, mucha información.

Consume más. Haz más. Crea más.

 

Y por eso, he decidido que este escrito forme parte de un espacio de pausa: el blog. Necesito escribirte (me) desde otro lugar, un lugar donde ningún algoritmo nos premie o nos castigue.

Un lugar donde poder tomarnos el tiempo necesario para respirar. Para volver a nuestro centro.

La interrupción de procesos internos se está normalizando. Nuestra atención está fuera y en realidad, ese es el objetivo desde un prisma capitalista.

 

Escribo con lágrimas en los ojos porque siento que ya no queda hueco para mí, porque no sé colocarme entre tantas prisas, notificaciones y quehaceres.

 

¿Quién soy yo cuando todo se apaga?

Una lágrima quiere salir.

 

 

“Tú sabes quién eres cuando todo se apaga. Solo necesitas permitir que todo se apague.
Necesitas mirarte: en la oscuridad, en el silencio, en la pausa”– me dice brotando de mis ojos.

 

 

Es ahí donde me hago hueco, donde vuelvo a recolocarme.

Donde vuelvo a mí.

 

 

“Cuando la luz externa ciegue la tuya, apaga todos los fusiles.

Tu llama volverá a prenderse”

 

GRACIAS

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